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Daniel Arrieta
ダニエル・アリエタ
Daniel Arrieta, español de Madrid, es economista y psicólogo. También ha vivido en Brasil y estudiado Literaturas Hispánicas en Estados Unidos. Actualmente enseña español y cultura hispánica en la Universidad Ritsumeikan y en la Universidad de Estudios Extranjeros de Kioto, Japón, donde ejerce de presidente examinador de los exámenes DELE del Instituto Cervantes. Escribe periódicamente un blog en español e inglés sobre Japón en su página web http://www.danielarrieta.com

スペイン、マドリッド出身。
経済学者、心理学者。
ブラジルに住んでいた経験もあり、スペイン語文学をアメリカ合衆国で学ぶ。
現在は、立命館大学と京都外国語大学でスペイン語及びスペイン語文化を教えている。また、京都外国語大学で実施されているセルバンテス協会のDELE試験では試験官長を務める。 また、自身のホームページ、http://www.danielarrieta.comには、スペイン語・英語の2ヶ国語で日本についてのブログを定期的に執筆。

Los Abrazos Rotos: Un repaso al universo de Pedro Almodóvar

2010年5月

2010年2月、前作”Volver”から約2年ぶりに、ペドロ・アルモドバル監督の新作”抱擁のかけら(Los abrazos rotos)”が公開された。14年前の事件とともに、視力と最愛の女性を失った元映画監督が、自分の名前と共に封印した過去を語りだす作品である。
アカデミー賞を2度受賞し、日本でもずば抜けた知名度と人気を誇るこのカスティージャ・ラ・マンチャ出身の映画監督のこれまでの作品を振返りながら、その世界観や作品のテーマ、特徴について語るとともに、最新作についても解説。

El pasado febrero se estrenó en Japón la última película de Pedro Almodóvar, y 30 cines en todo el territorio nipón mostraron su fidelidad a la cita bianual del cineasta español, cuyas películas se encuentran sin dificultad en cualquier videoclub de tamaño mediano en el país. La pasión de los japoneses por sus historias trágicas y retorcidas tramas, aunque alimenta el estereotipo de una España pasional y profunda, al mismo tiempo los introduce en nuestro mundo cultural y les hace preguntarse por ese torrente de sentimientos y muestras de espontaneidad tan ajenos a su propia cultura. Los Abrazos Rotos representa una forma de culminación en la carrera cinematográfica de Almodóvar por lo reflexivo de su discurso, que ya comenzara a experimentar en Todo sobre mi madre (1999) –Óscar a la mejor película extranjera y sin duda su mejor filme hasta la fecha- y por la experimentación en su lenguaje cinematográfico, con multitud de niveles narrativos y uso de distintas cámaras, como en Hable con ella (2002). Además, es la primera vez que un personaje masculino, como veremos más adelante, eclipsa a todos los demás en una de sus películas. Aún así, el verdadero protagonista es la metaficción: el cine dentro del cine, personajes que se representan a sí mismos, eventos que inspiran cambios de guión, cambios de nombre, voces en off que actúan como confesiones en una sala de doblaje, alusiones a la trastienda de producción del mundo cinematográfico, y más.

La historia transcurre en un ir y venir de escenas entre 14 años. Un famoso ex-director de cine, al perder la vista se reconvierte a guionista y escribe por encargo con la ayuda de un talentoso joven y su madre, que además le sirven de familia adoptiva. De forma paralela, Lena, una secretaria de dirección interpretada por una cada vez más madura pero igualmente atractiva y rebosante de energía Penélope Cruz, se ve atrapada en un mundo de dinero y poder que le es ajeno, y el cuál no ha escogido. Las dos historias se acabarán mezclando en el relato –más metaficción- del protagonista masculino, genialmente caracterizado por Lluís Homar, veterano actor español al que no hace mucho vimos en la intrigante Los Borgia (2006), de Antonio Hernández. Al inicio de la película se nos es presentado a sí mismo utilizando dos nombres –Mateo Blanco y Harry Kane-, generando complicidad con el espectador pero creándole un necesario mar de dudas que el transcurso de la trama conseguirá ir eliminando.
Pedro Almodóvar director va creciendo y cambiando con el tiempo, y algo parecido le ocurre a sus películas y a sus personajes, que no son sino reflejo de su propia vida, inquietudes y obsesiones. Me lo imagino dirigiendo esta su última producción y soñando con un mundo paralelo en el que él mismo se reencarna en Mateo, este complejo personaje lleno de contradicciones, masculino y femenino al mismo tiempo, inteligente e impulsivo, heterosexual y sensible, maduro y seductor. Mateo representa la reconciliación del intelectual con el vividor, como una versión siglo XXI del manido discurso quijotesco de las armas y las letras, o como un letrado y lascivo donjuán. Pero al igual que el personaje romántico, ha de rozar los infiernos en su propia carne para comprender la realidad, a costa del sacrificio de su doña Inés particular.


Cine Movix de Kyoto

La recreación del proceso creativo del guión de una película es mostrado por Almodóvar a través del inteligente recurso a la ceguera del personaje, que le obliga a escribir “a cuatro manos” las historias que le encargan u otras que se les ocurren a los dos guionistas, y nos da pistas de cómo puede ser su propio método creativo y el montaje final de sus creaciones. Como en la mayoría de sus películas, ésta también crea en el espectador sensación de teatralidad debido a los numerosos espacios cerrados y a la prioridad que se da al discurso de los personajes frente a sus acciones. Aún así, mediante una estructura irregular con flashbacks continuos, mezcla de géneros y la cantidad de recursos de producción que le ha proporcionado la fama, Almodóvar se acerca al cine de autor con guiños a la cultura pop al tiempo que se aleja de las tablas (del teatro).

Otros lugares comunes a los que el director manchego, dos veces galardonado en los Óscar de Hollywood y seis en los Goya, vuelve en esta película son claramente identificables en su carrera fílmica y remiten a la muerte –Todo sobre mi madre (1999)-, a la incapacidad física –Carne trémula (1997)-, a la violencia doméstica –Volver (2006)-, a las infidelidades –La flor de mi secreto (1995)-, al cine como expresión del pensamiento –Hable con ella (2002)-, a la teatralidad femenina -Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988)-, a la homosexualidad –La mala educación (2004)- y a tantos otros. Sus actores también tienen la marca de la casa y la huella de su dirección en sus respectivas actuaciones. Cabe destacar la explícita caracterización de Lena –Penélope Cruz- como Audrey Hepburn, que hará las delicias de los japoneses –tan obsesionados con el mito de Breakfast at Tiffany’s (1961)-, y la multitud de referencias al cine clásico, como la hitchcockiana caída de la escalera, elemento de la trama desencadenante de eventos en el argumento y en la película dentro de la película.

En los premios Goya 2010 en febrero de este año, Almodóvar, gracias al bestial Alex de la Iglesia, finalmente se ha reconciliado con la Academia del cine español y ha entregado el Goya a la mejor película –Celda 211- pero sólo se ha llevado el correspondiente a la categoría musical. A expensas de otro de mis directores españoles favoritos, Alejandro Amenábar, y su Ágora, yo le habría concedido el del mejor guión, al que también estaba nominado.

Salvando las distancias de género, sociedad y estilo, me gusta decir que Almodóvar se ha convertido un poco en el Woody Allen español, por su regularidad a la hora de dirigir, por la profundidad psicológica de sus personajes, y por la forma en que nos muestra las relaciones personales en el contexto de una sociedad cosmopolita pero pacata y muy española.

No sé hacia dónde se dirige el talento artístico de Almodóvar pero espero que nos regale más sorpresas como ésta de Los abrazos rotos, y que le sigan estrenando en este país del sol naciente.

Daniel Arrieta