Autor del artículo

María Parra
マリア・パラ
アストゥリアス出身。32歳。
イラストレーションを学んだが、幼い頃より物語に興味をもつ。近年、文学作品の校正にたずさわる知人のすすめで、作品の執筆をはじめる。

Asturiana de 32 años, estudió ilustración pero desde la adolescencia se interesó por la lectura y recientemente, animada por una conocida que trabaja como correctora literaria, comenzó a escribir.
Sus escritos, cuya particularidad se basa en transmitir valores positivos, e intentan alejarse de las estructuras clásicas de la fantasía épica en la que prima más la violencia. Crea historias diferentes basadas en la colaboración entre los personajes y el aprecio por las cosas sencillas pero fundamentales para la felicidad.

INOCENCIA PERDIDA

2012年08月

Era poco más que una niña cuando fue presentada a la corte. Su dulce rostro, su cándida sonrisa dejaba traslucir la inocencia de su corazón, comparable solo con el de un niño recién llegado al mundo.

Su familia la dejó en manos de otros esperando que la prepararan adecuadamente para su vida futura, entre damas y caballeros de alta alcurnia. Nada sabía ella de engaños, conspiraciones o mentiras. Ni tan siquiera conocía el significado de tan peligrosas palabras.

La frescura y belleza de su pequeña y delgada persona fue un soplo de aire en la enrarecida atmósfera que presidía la suntuosa corte. Sus cabellos del color de las zanahorias entusiasmó a la reina. Se convirtió en la envidia de las damas de compañía y hechizó a los caballeros, que, ociosos, revoloteaban por las salas del castillo.

Recibió todos los halagos con natural modestia sin saber que tras las sonrisas era odiada por muchas, y muchos otros ambicionaban robarle aquella sublime inocencia.

De entre todos los galanes que elocuentes palabras le regalaban, uno consiguió sus atenciones. Era un mozo apuesto, de verbo fluido y modales exquisitos. La engatusó con tal facilidad que ni él se lo creía. Logró al poco robarle el corazón a la doncella que confiada, pensando que nada malo podría acaecerla entre gentes tan respetables, aceptó cumplir todos sus deseos. Incluso los más secretos, los que ninguna joven debía cumplir sin el consentimiento de familia e Iglesia.

Él la prometió un futuro juntos, esponsales, un hogar, comodidades, familia y eterna felicidad.

Un día, la muchacha recibió una nota de su puño y letra citándola fuera de la ciudad en una ajada mansión junto a unos campos de maíz. Allí había de aguardarle y desde allí a la iglesia se dirigirían, saliendo de esta como esposo y esposa.

Llegó al campo presurosa, con el corazón palpitante de dicha. Él nunca apareció, ya tenía de ella cuanto quería.

María Parra





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